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Tokio Blues
Murakami te atrapa y no te deja ir. Sin darte cuenta, te quedás leyendo hasta las cuatro de la mañana por puro placer. No querés terminarlo pero sabés que a lo último te va a sacar una sonrisa, porque ya está adentro tuyo, forma parte de vos.
No es necesario que le pregunten a Watanabe si su intención es hablar como el personaje de El cazador oculto para que Salinger sea una referencia ineludible (“Sin duda un médico, les explicaba a un joven con gafas de aspecto neurótico y a una señora de mediana edad con cara de ardilla el efecto de la ingravidez por la secreción de los jugos gástricos”); ni que
Una mano que calme
Cuando se necesite descargar el llanto.
Una voz que devuelva el sentido,
cuando los pies ya no guíen los pasos.
Una mirada que reconozca, que acepte el cambio
y que entienda que siempre hay daño.
Una sonrisa que distraiga,
cuando el ambiente se vuelva tenso e inhabitable
Y, entonces, que lleguen las palabras y los sonidos,
que se construyan nuevos recuerdos en cada lugar habitado.
Que, sin darle importancia al tiempo,
se empiece a escribir
otra oración en otro párrafo.
Y, de ser posible, cambiar de hoja, de ojo, de perspectiva, de luz, de grises, de montañas de nada, de precipicios de oscuridad.
Buscando las palabras
“Conforme iba avanzando el invierno, los ojos de Naoko parecían ir ganando en transparencia. Una transparencia ausente. Pronto, sin razón aparente, clavaba sus ojos en los míos como si buscara algo y, cada vez que esto ocurría, me embargaba una extraña e insoportable sensación de soledad.
Me pregunté si trataba de decirme algo. Quizás era incapaz de expresarlo con palabras. No, antes de traducirlo al lenguaje hablado tendría que haberlo comprendido ella misma. Por eso no hallaba las palabras”.
En Tokio Blues, de Haruki Murakami
Me gusta (tres)
Encontrarme linkeada en una página desconocida; los llamados desde España y el vínculo estrecho; que mi hermana viva a cinco cuadras y que mi perra se sienta en su casa cuando se hospeda en la mía; disfrutar de mis abuelas, porque estoy a tiempo; rendir el ultimo examen, terminar la carrera; el abrazo de mis padres, sus lágrimas y felicitaciones; un vino tinto compartido con amigos; las historias concretadas, aunque duelan; los comienzos; los finales; esta foto, sus colores, mi intento de.
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