Claro de Luna
Un día más, la jornada laboral de Lucía tocaba a su fin. Abandonó su delantal en una vetusta taquilla y, en apenas minutos, dejó semidesnudo su pálido torso para dar paso al vestido largo que solía usar a diario; sobrio, de un sólido color gris y ligeramente escotado, parecido al que las películas antiguas solían vender com uniformidad de institutriz. Sintió cierta repulsión al embutirse en él; notando el atasco de la tela al rozar con el aceite de fritanga que su piel almacenaba tras diez horas metida en aquella cocina. Liberó una a una las seis horquillas que recogían su pelo, dejando caer tantos mechones marchitos de un pelo rubio que vivió épocas me
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Cuando abrió los ojos, aún permanecía en estado de hibernación. Era una sensación molesta, a la que nunca uno podía acostumbrarse por muchos ensayos realizados en base. De forma similar a las mioclonías; su cerebro recuperaba antes que el cuerpo la consciencia y, a pesar de dirigir todo su empeño en recuperar la gobernabilidad del sistema nervioso central, no conseguía mover un solo músculo. No debía desesperar. Poco a poco iba sintiendo ligeros hormigueos que iban ascendiendo desde sus extremidades al tronco. Al tiempo que aquella chispa vital iba consumiendo su cuerpo, el vello de la piel se erizaba, sus pezones se endurecían en vergonzante sensación y po
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